23 de marzo de 2006

Este rápido vendaval de signos junto a mis obsesiones se concilia sin reparar en los rastros que deja la enfermedad continua cuando se advierte la única y reveladora trama, que es conclusión lógica y trasnochada lucidez. Puedo conservar toda la materia, absorber la necesidad, prender fuego a mi alrededor y separar las cenizas. No bastará siquiera que honre a mis desheredados, que mantenga escondida la progresión de la noche o que mude a otra piel más agradable y bañe de perfumes su infinito contorno. Van pasando los desvelos y pasa el tiempo de sus razones. Pasa el hambre también y la mano no puede aguantar su peso, cede y la voluntad se aprisiona entre sus dedos.

21 de marzo de 2006

Mucho más atrás de esos edificios que se ven en el oblicuo resquicio que va de la sombra del cuerpo a la espesura inacabada de los difuminados deseos, contemplo el mar horrible del que vuelven apenas las innumerables expediciones de individuos mutilados ya antes de partir. Todos ahora cegados por la insuficiencia heroica de robar el pan a sus hijos. Todos contagiados por al ambición trágica y por el silencio proscrito de las palabras eternamente condenadas a la calumnia.

17 de marzo de 2006

Llovió toda la noche. Todo el agua fue después sequedad. Los charcos sin agua. Los ríos sin agua. Los mares sin agua. Todo el agua, sequedad. Pero después.

14 de marzo de 2006

Entonces se dispusieron los ojos a preservar el horizonte contemplado y a esconder los límites invisibles. Palidecidos, rogantes de comprensión, ahogados en las pérfidas artimañas de la luz y su ausencia, frecuentaban las orillas desiertas para enterrar su rastro. Fue inútil temblar en las cercanías y los abrazos, nada quedaba que entregar que no fuese aquella huída.

8 de marzo de 2006

La huella disuelta se pierde entre los rincones de la crudeza venciéndose en la condenación desatada al paso difuso de todas las sombras. Come de sus huesos. Piensa sin deseo el secreto renovado. A las puertas seduce sin olor y sin acentos. Es la entrega desnuda que no crece, vencimiento de los presagios crudos en la diseminación de sus castigos.

Cansado el hijo encuentra el negro. Someterá el conocimiento a su condenación inútil.


1 de marzo de 2006

Para detener el ímpetu y no ceder, ingenuamente complacientes las apariencias fieles se dulcifican y gozan. En un sueño hipnótico crece el abandono y a la vez un rastro de realidad difumina el destino paciente que en su ignorancia fecunda y en las horas conscientes se desvanece.