30 de marzo de 2007

Se paga por el aliento
y no desmerece el riesgo
equivocarse sin saber
dónde encontrar abrigo.
Hay amparo todavía.
Ni siquiera por llamar
las voces suenan de otra forma.
Los gritos, que en el aire son eco distante,
alguna vez no regresan
y se ahogan en la sonoridad imposible
de un lamento antiguo.
Ya no importan. Olvídalo todo.
Ganaste el tiempo sin desgastarlo.
Para qué otro lamento.

20 de marzo de 2007

El reflejo en el cristal,
oculto entre líquidas transparencias
y motivos imposibles,
ocupado en el descrédito
de su condición innata,
calla ante el perfecto desdén
del verano glacial.

La temperatura en el cuerpo,
acosada por los pliegues exagerados,
inflamada por nervios inevitables
que hierven hasta el sudor,
extingue criaturas sin culpa.

Mis ojos en el recuerdo inocente
de días mal soñados,
rendidos a la luz de lo visible,
debilitados por tanta extinción
y tanto silencio,
conservan un color absurdo
que no sirve para nada.