25 de junio de 2006





















Las puertas estaban abiertas
y un aire se escapaba
para respirarse a sí mismo,
para consumirse en la ingratitud
de los lugares del sueño.
Era un aire separado del contagio,
discreto,
paciente y discreto.
Para no llamar la atención
se ocultaba en la memoria
de los objetos abandonados.
Insinuaba nombres,
a veces calor.


No quiso volver.


Yo comía en el lugar que dejó
pero allí no faltaba nada.

17 de junio de 2006

















Por instinto
se encadenan los hechos
hacia lugares reconocidos
en los que lo cotidiano
muda se exigencia y engaña
como una promesa del cielo
que espera su venganza
en el veneno de la indecisión.

14 de junio de 2006















Tras la vieja esperanza,
una lentitud de hechos ignorados
me despierta en las ausencias.
Creciendo el aplazamiento
de las concreciones señaladas
entiendo el paso fugaz,
cansino finalmente,
de los significados
y me invito a pertenecer
a la similitud de sus respuestas.
Obtengo la confirmación necesaria
para olvidarme.

9 de junio de 2006

El lento artificio de la osadía mengua la comprensión definitiva y compensa el encanto obstruyendo el silencio. Capaz, la exactitud se convoca en rituales ilegibles, murmura señuelos y las deserciones entorpece. De tanto impune atrevimiento y tanta cura, enfermarán las llagas que no tengo.