23 de diciembre de 2005
16 de diciembre de 2005
Puede que los brazos más íntimos
descansen sin fuerza en ceniza,
que no despierten nunca
del miedo de los reparos
o que por una razón enferma
contemplen de la necesidad su rostro
y de la realidad su ausencia.
Puede incluso que callen,
que siendo propósito, olviden
y recobren sin quererlo
el peregrino ocaso
de su ternura intacta.
descansen sin fuerza en ceniza,
que no despierten nunca
del miedo de los reparos
o que por una razón enferma
contemplen de la necesidad su rostro
y de la realidad su ausencia.
Puede incluso que callen,
que siendo propósito, olviden
y recobren sin quererlo
el peregrino ocaso
de su ternura intacta.
13 de diciembre de 2005
9 de diciembre de 2005
6 de diciembre de 2005
3 de diciembre de 2005
Las estancias amarillas,
los pasillos largos
de ojos estériles
y palabras a duras penas,
la habitación del dolor.
Reconozco este lugar,
cada marca,
cada grito,
la razón desposeída de su importancia,
la razón escapando por las ventanas.
Al otro lado la vida exhibiéndose
siempre ajena.
A este lado
un limbo sin urgencias,
una procesión de innecesarias confirmaciones,
a este lado
la vida es otra cosa.
Voy a deshacer
todo cuanto me protege de lo no elegido,
pues todo lo alcanza esta eterna negación
y ya no sé si duele más
el miedo o el dolor.
los pasillos largos
de ojos estériles
y palabras a duras penas,
la habitación del dolor.
Reconozco este lugar,
cada marca,
cada grito,
la razón desposeída de su importancia,
la razón escapando por las ventanas.
Al otro lado la vida exhibiéndose
siempre ajena.
A este lado
un limbo sin urgencias,
una procesión de innecesarias confirmaciones,
a este lado
la vida es otra cosa.
Voy a deshacer
todo cuanto me protege de lo no elegido,
pues todo lo alcanza esta eterna negación
y ya no sé si duele más
el miedo o el dolor.
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