25 de junio de 2006





















Las puertas estaban abiertas
y un aire se escapaba
para respirarse a sí mismo,
para consumirse en la ingratitud
de los lugares del sueño.
Era un aire separado del contagio,
discreto,
paciente y discreto.
Para no llamar la atención
se ocultaba en la memoria
de los objetos abandonados.
Insinuaba nombres,
a veces calor.


No quiso volver.


Yo comía en el lugar que dejó
pero allí no faltaba nada.

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