Atrás de las jaulas se levanta la estación de ferrocarril. Muchos niños suben a él, a veces acompañados por sus padres. Cuando arranca el tren se sobresaltan. Luego miran con júbilo los bosques, la maleza, la cadena de lagos, las montañas, los túneles. Lo único singular en este tren es que nunca regresa. Y cuando lo hace los niños son ya adultos y están llenos de miedo y resentimiento.
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