30 de noviembre de 2006
















A veces, si el estancamiento
no interviene demasiado,
reúno solicitudes para el descanso,
torpes reclamaciones perdidas
en la coherencia de las contradicciones,
retratos de inevitable casualidad
que acaban conteniendo
toda la razón
de los motivos irracionales.

27 de noviembre de 2006
















Aunque hay constancias elementales
asegurando mis limitaciones
y andamios de papel
que me sujetan las manos
con una torpeza más propia
de afinidades caprichosas
que de una piel extinguida
en la proximidad de sus desequilibrios,
no puedo dejar de lamentar
el respeto que me tengo
ni olvidar el temor
de saberme sin él.

23 de noviembre de 2006
















En el intento quedaron
estaciones sin andenes,
apresurados cantos desafinados
que gritaban firmemente
razones inseguras o soñadas
como intentos desesperados
por creer en algo tangible
aunque fuese ingrávido,
fingido,
humano.

16 de noviembre de 2006

Concierto de The Wedding Present en Santoña



Hace un año The Wedding Present regresaban como grupo después de un largo periodo de ausencia, aunque David Gedge había continuado su carrera con el grupo Cinerama. Sin embargo, este regreso no fue lamentable, como lo son la mayoría de reencuentros. Take fountain, es un buen disco que no difiere demasiado de la línea que el grupo mantuvo años atrás y eso se nota en el escenario. Los discos de The Wedding Present siempre han sonado a ellos mismos y a la vez siempre han tenido una evolución, y este último no iba a ser menos. La formación es la clásica de un grupo de rock, dos guitarras, bajo y batería. El sonido es también el clásico de un grupo de rock, nada nuevo, eso es cierto, pero el buen manejo de los elementos básicos, la experiencia y la coherencia de sus desarrollos, hacen que escucharlos en directo resulte muy gratificante, sobre todo ahora que es tan difícil escuchar un buen grupo de guitarras.

Las melodías que siempre fueron uno de sus fuertes, se mezclaban con la fuerza y la furia de las guitarras que dirigían los temas hacia torbellinos de cuerdas eléctricas que anestesiaban al personal. Tocaron temas de casi todos sus discos, por supuesto sus clásicos, algo de Cinerama y algo de material inédito. Todo muy medido y cuidado. David Gedge cambiaba su guitarra constantemente entre la media docena de ellas que tenía preparadas, pero la energía no decaía y la noche mantenía una atmósfera propicia de sonido abrumador. Acaban y se van. No hay bises. ¿Para qué? Ya lo han dado todo.

Curiosamente al final del concierto sólo se vendían discos de Cinerama, eso sí, David Gedge los custodiaba rotulador en mano.