
Trae el desprecio una erosión,
el de los arrepentimientos acabados
y las desconfianzas borrachas.
Es un matiz sin confianza,
preso de las concreciones,
armado con el impulso de la venganza,
cruel, voraz,
pesado como las cenizas futuras.
Es mejor escuchar otros señuelos
que de la materia hagan señales llamativas,
colores de los cuentos,
respiraciones de las servidumbres
con esa manera de encontrar desahucios
entre la maleza de los trastornos.




















